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EL MUNDO.- España se ahoga: un verano letal dispara la alerta de salud pública en zonas de baño.

ESPAÑA SE AHOGA: UN VERANO LETAL DISPARA LA ALERTA DE SALUD PÚBLICA EN ZONAS DE BAÑO

289 MUERTES POR AHOGAMIENTO EN 2025 Tras tres años de aumento en el número de ahogados en nuestro país, junio de 2025 se sitúa como el mes más negro desde 2014, tras registrar un total de 85 fallecidos.

J. LÓPEZ / M. ALCÁNTARA MADRID Los ahogamientos en España se están consolidando como un problema grave que, lejos de remitir, empeora año tras año. Junio de 2025 marcó un hito trágico al convertirse en el mes más negro de la historia reciente: 85 personas perdieron la vida en espacios acuáticos, lo que supone un aumento del 112% respecto al mismo mes de 2014, cuando hubo 40 muertos.

Hasta ahora, el junio más letal había sido el de 2017, con 77 víctimas mortales, seguido por 2024, con 73, un 16% menos que este año. Pero la alarma crece al observar los datos acumulados: en los primeros seis meses de 2025 ya han muerto 228 personas en espacios acuáticos, seis más que el año pasado y 33 más que en 2023, todo esto antes de que comenzase la temporada estival. Si a estos le sumamos los fallecidos de julio hasta el día 19, la cifra se eleva a 289 ahogados.

Expertos como Roberto Barcala, catedrático en la Universidad de Vigo y Coordinador del grupo de socorrismo de la Sociedad Española de Urgencias y Emergencias, advierten que «el ahogamiento ya suena desde hace tiempo como un problema de salud pública» en España.

La Escuela Segoviana de Socorrismo –fuente de los datos– argumenta, como posible causa del repunte, a que el mes de junio fue excepcionalmente caluroso, lo que propició que muchas personas acudieran antes de tiempo a las zonas de baño. A esto se suma que aún no había comenzado oficialmente la temporada de socorrismo, aumentando la exposición al riesgo acuático. En la misma línea, Sebastián Quintana, presidente de la asociación Canarias 1.500 km de Costa, advierte de que cada año la temporada de baño se alarga más: «Cuando hay una ola de calor, deberían activarse campañas específicas. A más calor, más bañistas, más tiempo en el agua y, por tanto, más riesgo». Cabe señalar que la primera ola de calor de 2025 coincidió, precisamente, con el junio más letal de la última década y el más tórrido desde que hay datos.

El análisis de las cifras revela una clara realidad social: ocho de cada 10 personas que mueren ahogadas son hombres. José Palacios, presidente de Adeac, entidad gestora de Bandera Azul en España lo explica de forma tajante: «Ser hombre implica mayor riesgo de ahogarse», aunque aclara que se trata de una cuestión de comportamiento. «Demostrar superioridad, prepotencia, pensar que no hay límites... Esa actitud explica que el 80% de las víctimas sean hombres».

A esto, Quintana añade dos perfiles de bañistas imprudentes. El primero es el consciente, que él atribuye al «síndrome de la inmortalidad». «Es quien piensa que no le va a pasar nada porque conoce la zona, se ha bañado allí toda la vida y subestima el riesgo. Ahí es donde se comete el error». El segundo es el imprudente inconsciente: «Suele ser el turista que se mete en una zona de baño que no conoce. El desconocimiento genera la imprudencia y el accidente», explica.

MENORES, VÍCTIMAS DE DESCUIDOS ADULTOS «Los menores que se ahogan son niños no vigilados», dictamina Palacios. A lo que Quintana añade: «El 30% de los niños que mueren ahogados lo hacen por el llamado síndrome del ahogamiento invisible». «El niño se está ahogando y quienes están cerca creen que está buceando o jugando, pero en realidad se está muriendo», explica. Quintana también alerta de que la mayoría de los ahogamientos infantiles ocurren en piscinas, no en la playa. «En la piscina bajamos la guardia porque no hay olas ni corrientes. Por nuestra cabeza no se nos plantea la posibilidad de que se ahogue». Una percepción que confirman los datos: en 2024, 23 menores de 14 años murieron ahogados; el 69% en piscinas, frente al 17% en ríos o embalses y 13% en playas. La tendencia de 2025 apunta también a un año trágico: ya han fallecido 29 menores de edad, frente a los 37 en todo el año anterior.

Además, Barcala señala que la mayor parte ocurren entre las tres y las siete de la tarde, y advierte de que la ficción ha distorsionado la percepción del ahogamiento: «Siempre se representa con dramatismo y movimientos bruscos, pero en realidad son silenciosos». Y señala que, según sus estudios, en casos de niños, los padres relataron que el menor no gritó ni pidió ayuda en ningún momento.

PLAYAS Y ZONAS SIN VIGILAR Casi la mitad de los fallecidos por ahogamiento en 2024 murió en playas españolas. «Saber nadar no impide ahogarte», advierte Palacios. Además, subraya que las muertes en playas con Bandera Azul –distintivo que garantiza altos estándares ambientales, de seguridad y servicios– son mínimas. Atribuye esta diferencia directamente a la presencia de vigilancia. Los datos analizados lo respaldan: cerca del 68% de los ahogamientos en playas el año pasado ocurrió donde no ondeó una de estas banderas.

Desde Adeac destacan que, durante la temporada de baño de 2024, los socorristas realizaron 1.259 rescates complicados en las 697 playas candidatas a Bandera Azul. «¿Qué es un rescate complicado?», plantea su presidente, «que si no se realiza, la persona muere», afirma para subrayar la importancia de la vigilancia. «Esas personas siguen vivas porque había servicios de socorrismo en las playas». Esto ocurrió en un año donde tres de cada cuatro fallecidos se ahogaron en zonas sin vigilar.

Pero lo más llamativo se da en el interior, donde los ahogamientos sin vigilancia aumentaron en 2024 respecto al anterior: un 57% en Extremadura, 78% en Castilla y León, y más del doble en Aragón. Gerardo Belloc, presidente de la Federación Aragonesa de Salvamento y Socorrismo, comenta que en su región este aumento puede deberse a que durante los años posteriores a la crisis del Covid-19 la afluencia en las zonas de baño fue menor por lo que hubo menos fallecidos. «Al retomarse la vida, los ahogamientos han vuelto a la tendencia que teníamos antes de la pandemia», enfatiza.

Sin embargo, Belloc pone el foco en los espacios naturales: «Estamos acostumbrados y concienciados con el riesgo en piscinas, pero la gente no es consciente del peligro en zonas como ríos o embalses». Y puntualiza que son áreas donde «cada vez hay más afluencia de gente y no hay cartelería, señalización ni socorristas».

Lejos de disminuir, los ahogamientos sin vigilancia han aumentado en 2025: en lo que va de año, el 84% de los muertos falleció en un espacio acuático sin presencia de socorrista.

UNA DGT DEL SOCORRISMO Ismael Sanz, doctor en Ciencias de la Actividad Física en la Universidad Autónoma de Madrid y colaborador con la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo –entidad que también computa este tipo de muertes a falta de datos oficiales y concretos–, señala la problemática en la que coinciden todos los expertos: la ausencia de visibilidad y un reglamento nacional que vigile la formación de los socorristas y los criterios de seguridad en las zonas de baño. «El gran problema es que cada autonomía tiene sus normas, a veces con puntos en común, pero otros son muy dispares», subraya.

Como ejemplo, apunta al número de socorristas que requiere una piscina por tamaño o profundidad. A lo que se suman la carga lectiva y los criterios de evaluación del profesional: «Hay comunidades donde exigen un perfil concreto, y al cruzar la frontera, cambia por completo. Eso multiplícalo por 17 regiones», enfatiza.

Además, los expertos describen los ahogamientos como la muerte silenciada ante la falta de visibilidad y coinciden en la solución: una DGT del socorrismo que actúe todo el año, no sólo en verano, y unifique normativas. «Si existiera una dirección general de prevención del ahogamiento, como en tráfico, bajarían las cifras», dice Palacios. Y concluyen que la prevención no sólo depende de los profesionales, sino de toda la sociedad.

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